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La Fundación BBVA premia a Rosemary y Peter Grant por su trabajo para conservar especies amenazadas

Rosemary Grant: "La evolución puede ocurrir cuando el medio ambiente cambia”

06-02-2018
Peter y Rosemary han sido reconocidos con el Premio Fundación BBVA Fronteras del Conocimiento en la categoría de Ecología y Biología de la Conservación Grant. Foto: Fundación BBVA
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La décima edición del Premio Fundación BBVA Fronteras del Conocimiento en la categoría de Ecología y Biología de la Conservación ha recaído al matrimonio de biólogos evolutivos Rosemary y Peter Grant.

El acta del jurado indica que han sido reconocidos “por sus profundas aportaciones a nuestra comprensión de los mecanismos y procesos que subyacen a la evolución en la naturaleza”. Esta pareja de investigadores ha logrado documentar por primera vez cómo ocurre la evolución en tiempo real, desvelando así mecanismos muy útiles para el desarrollo de estrategias eficaces para la conservación de especies amenazadas.

Gracias a su trabajo durante cuatro décadas, sabemos que los cambios evolutivos pueden ocurrir de forma mucho más rápida de lo que se creía. En este sentido, el acta subraya que el trabajo de estos biólogos ha proporcionado “el registro más completo de cómo funciona la evolución en la naturaleza”, y dilucida “los mecanismos por los que se mantiene la diversidad genética y por los que se originan nuevas especies”.

El jurado también ha resaltado lo que supone para la conservación los hallazgos de los Grant: “Han incorporado una perspectiva evolutiva a la biología de la conservación al reconocer que se pueden producir cambios evolutivos rápidos tras la llegada de especies invasoras (incluyendo a los humanos) o en respuesta a eventos catastróficos”, señala el acta.

Los premiados

Rosemary y Peter Grant llegaron en 1973 a la pequeña isla de Daphne Mayor, en las Galápagos, para estudiar cómo emergen las nuevas especies.
Aunque se declaran inspirados por la obra de Darwin, El origen de las especies de jóvenes, escogieron llevar a cabo su investigación en las Galápagos porque, según explica Peter Grant, “los pinzones de las Galápagos son 18 especies que viven en un entorno donde el impacto del ser humano es casi inexistente. No existen muchos lugares en el mundo tan interesantes biológicamente y sin apenas huella humana”.

En 1977, cuando llevaban ya varios años midiendo características como el tamaño y la forma de los picos, fueron testigos de lo que ocurría entre los pinzones durante una sequía intensa: los cambios inducidos en el entorno por la falta de agua favorecían a los pájaros cuyo pico tenía una morfología determinada, y en cambio el resto sufría una altísima mortalidad. Como consecuencia, unos rasgos genéticos determinados y no otros eran transmitidos a la generación siguiente.

“Nuestras investigaciones en las Galápagos demostraron en solo diez años que la evolución puede ocurrir cuando el medio ambiente cambia”, explicó Rosemary Grant.

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