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Una de las mejores noticias de las últimas décadas ha sido la mejora de la esperanza de vida que, en los últimos 125 años, ha aumentado en unos 50 años.
Los avances de la medicina y la mejora de las condiciones de vida han estado detrás de este gran logro de la humanidad. Pero no podemos obviar que esto supone también un gran reto. El Fondo Monetario Internacional nos alertaba sobre lo que parece será una realidad: en 2050 se proyecta que, a nivel mundial, el colectivo de niños menores de 15 años tenga el mismo tamaño que el de personas de más de 65, y se espera que la proporción de personas mayores de 80 años se cuadriplique. En España más del 20% de la población tiene más de 65 años y este porcentaje aumentará en las próximas décadas.
Los datos hablan por sí solos. Ahora está en nuestra mano decidir y actuar cómo vivir y afrontar esta nueva realidad, porque no se trata solo de aumentar los años de vida, sino de conseguir que esos años se vivan con propósito y bienestar.
En un artículo de National Geographic se abordaba el tema del envejecimiento desde una perspectiva nueva que invita a la reflexión. En él se exponían los resultados de los estudios llevados a cabo durante años por Becca Levy, profesora de epidemiología y psicología de la Universidad de Yale, sobre el envejecimiento. Levy adopta una perspectiva de análisis diferente, analiza como nuestras propias creencias sobre el envejecimiento tienen una relación directa con la longevidad saludable. En años de análisis pudo demostrar cómo los sentimientos negativos que las personas pueden tener sobre el paso de la edad influyen en sus propios marcadores biológicos y en su calidad de vidas en las etapas más maduras. Uno de sus hallazgos más brillantes fue que las personas con una visión más positiva del envejecimiento vivían una media de siete años y medio más que las que tienen una visión más negativa.
Es un hallazgo curioso cuando estamos en una sociedad en la que prima una visión de la vejez cargada de estereotipos y prejuicios sobre lo que significa cumplir años. Todos tenemos una responsabilidad en derribar esos estereotipos. En línea con esto, recientemente, desde Santalucía hemos impulsado el Desafío Santalucía Seniors. Una iniciativa única dirigida a personas entre 65 y 80 años que trata de transmitir el significado de la longevidad positiva. Desde su lanzamiento, la iniciativa nos ha dado la posibilidad de conocer a personas mayores de 65 años de los que hemos podido aprender numerosas lecciones sobre lo que significa envejecer de manera positiva y activa. Personas que han deshecho prejuicios y creencias limitantes para demostrarnos a todos que solo existen los límites que nos autoimponemos. Su testimonio y actitud ante la vida corroboran uno por uno los hallazgos del estudio mencionado y cuestionan las ideas preconcebidas sobre lo que significa envejecer.
Es urgente y necesario fomentar un envejecimiento activo y una longevidad positiva. La experiencia nos enseña, tal como señalan los estudios de Levy, que no tenemos que adoptar una actitud positiva ante el envejecimiento cuando estamos en su umbral, sino que se debe trabajar en ello desde edades tempranas. Es necesario romper esas ideas limitantes y negativas sobre lo que supone cumplir años, y la mejor manera de hacerlo es fomentando el diálogo intergeneracional. Es en el diálogo, en el encuentro y en la cercanía donde crearemos el espacio crecimiento y desarrollo común que unen la experiencia y sabiduría de los años con el ímpetu, las nuevas ideas y el dominio tecnológico de los jóvenes.
Y hay que hacer un esfuerzo especial en las empresas, lugar común en el que llegan a convivir hasta cuatro generaciones, para gestionar esa diversidad generacional y fomentar el intercambio y la relación entre ellas.
La diversidad generacional es una fuente de riqueza para la sociedad y para las empresas y es necesario prestarle la atención adecuada. Gestionar adecuadamente esa diversidad implica construir equipos con personas de diferentes edades y combinar las distintas capacidades y enfoques para fomentar la generación de valor.
Cada generación aporta perspectivas, habilidades y conocimientos únicos basadas en sus experiencias de vida, esta diversidad permite aprovechar un gran abanico de talentos y perspectivas que enriquezcan la creatividad y la innovación. Como resultado se derriban sesgos y se avanza hacia una mejor comprensión mutua de cada una de las generaciones.
Envejecer es algo intrínseco al propio proceso vital. El cómo lo hacemos y vivimos es una opción propia. Cambiemos la visión negativa de nuestro propio envejecimiento, cada año no solo sumamos 365 días más de vida, sumamos experiencia y sabiduría. Aprovechémoslo.
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