En la actualidad, vivimos en una sociedad en constante transformación, donde los desafíos sociales, ambientales, culturales y económicos exigen respuestas ágiles y efectivas. En este contexto, el fundraising —o recaudación de fondos— ha adquirido un papel fundamental como herramienta para movilizar recursos y canalizar la solidaridad ciudadana hacia proyectos que generan un impacto positivo en la comunidad.
El fundraising no solo representa una vía de financiación alternativa para organizaciones sin fines de lucro, sino que también cumple una función social clave: permite que personas comunes se conviertan en agentes de cambio. A través de sus aportes, grandes o pequeños, la ciudadanía puede involucrarse directamente en causas que considera importantes, como la protección del medio ambiente, la lucha contra enfermedades, la defensa de los derechos humanos o la promoción de la educación y la cultura. Este mecanismo democratiza la participación y permite que las decisiones sobre el destino de los recursos no queden exclusivamente en manos del Estado o de grandes empresas.
Uno de los grandes valores del fundraising es su capacidad para crear comunidad. Las campañas de recaudación no son simplemente solicitudes de dinero, sino plataformas de concienciación y movilización. A través de ellas, se comparten historias, se visibilizan problemáticas y se despiertan emociones que generan empatía y compromiso. En este sentido, donar se convierte en un acto de responsabilidad social y de identidad colectiva. Cuando una persona contribuye a una causa, está diciendo “esto me importa”, y se une simbólicamente a otros que comparten su visión del mundo.
Además, el fundraising ha evolucionado gracias a la tecnología. Las plataformas digitales han facilitado enormemente la participación ciudadana, permitiendo que cualquiera pueda donar desde su casa, compartir una causa en redes sociales o incluso crear su propia campaña de recaudación para apoyar proyectos en los que cree. Esto amplía el alcance de las iniciativas y da visibilidad a problemáticas que antes podían quedar relegadas al olvido.
Por otro lado, el fundraising también tiene un rol educativo. A través de él, muchas personas toman conciencia de las necesidades de su entorno, desarrollan un sentido crítico y se forman como ciudadanos activos. Aprenden que sus acciones individuales, por pequeñas que sean, pueden contribuir a un cambio mayor. Esto es especialmente relevante en contextos donde la confianza en las instituciones está debilitada, ya que empodera a la sociedad civil para tomar el liderazgo en la solución de los problemas.
El presente Dosier Corresponsables ‘El poder de la colaboración ciudadana’ publicado en colaboración con la Asociación Española de Fundraising (AEFr) es un muestrario de algunas buenas prácticas desarrolladas en este ámbito que desde estas líneas animo a consultar por el alto impacto social que generan.
Este editorial forma parte del Dosier Corresponsables: El poder de la colaboración ciudadana