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En su famoso Jardín de las Delicias, El Bosco nos muestra una consecución de tres realidades: el paraíso -el Edén- con Adán y Eva en un paisaje armonioso, lleno de animales y vegetación; un panel central en el que el que ese paraíso tiene una abundancia desmedida que lleva al descontrol; y una última escena que simboliza el infierno, donde se reflejan las consecuencias de esos excesos. Aunque esta pintura tiene más de 500 años, nos transmite una advertencia que sigue muy vigente: cuando la abundancia se desconecta del equilibrio, se convierte en destrucción.
Durante mucho tiempo hemos vivido en ese panel central del óleo, sin importarnos las consecuencias de un consumo desmedido y fuera de control. No éramos conscientes -o no queríamos serlo- de que ese ritmo de usar y tirar, de querer mucho más de lo que necesitábamos sin preguntarnos su procedencia o las condiciones en su fabricación, no estaba conduciendo a un ritmo cada vez mayor a esa última escena que reflejó El Bosco. Sin irnos más lejos, España alcanzó en 2024 el Día de la Sobrecapacidad de la Tierra el 20 de mayo, una fecha que nos alerta sobre la falta de medidas conjuntas que, a día de hoy, estamos aplicando.
Sin embargo, poco a poco vamos tomando conciencia de que estamos consumiendo a un ritmo desmedido al que debemos empezar a poner freno. Por eso, fechas como la del pasado 30 de marzo, cuando se celebró el Día Internacional de Cero Desechos, nos hacen reflexionar sobre la necesidad de generar menos y avanzar hacia un modelo más circular. Y la legislación está, afortunadamente, tomando nota de ello: casi al mismo tiempo, se daba un paso fundamental en esta dirección al aprobar la nueva Ley de prevención de las pérdidas y el desperdicio alimentario, que pretende reducir un 50% los residuos alimentarios y un 20% las pérdidas en las cadenas de producción y suministro para 2030, objetivos muy necesarios teniendo en cuenta que el Consejo de la Unión Europea estima que cada europeo tira 132 kilos de comida anuales.
Pero, aunque vayamos algo tarde y nos quede un largo camino, ya hemos dado algunos pasos que nos hacen ser optimistas y pensar que aún no hay nada perdido. De hecho, los últimos datos de Eurostat revelan que España ha reducido en 187 kilos por persona la cantidad de basura generada entre 2001 y 2023, liderando el ranking europeo en este esfuerzo. Además, en 2023, cada ciudadano español generó 456 kilos de residuos, una cifra por debajo de la media europea de 511 kilos.
La pregunta ahora es: ¿es esta una cifra de la que sentirnos orgullosos? Podemos felicitarnos por estar dando pasos en la dirección correcta, pero esto no debe hacer que paremos, no podemos pensar que todo lo demás se hará solo y que serán otros quienes hagan que la situación se revierta. Si no tomamos conciencia de que es cosa de todos, estaremos perdidos.
Es el momento de ponernos en marcha. Debemos ser capaces de reducir esa cantidad: menos rebajas, menos pedidos online, menos renovación de dispositivos digitales, menos consumo de alimentos sin necesitarlos, menos cambio de armario, menos productos de usar y tirar… y todo ello -lejos de lo que pueda parecer- supondrá un salto cualitativo en calidad de vida, una vida para la que necesitamos ecosistemas naturales protegidos, espacios libres de basuraleza y recursos en lugar de residuos.
Por tanto, y una vez más, debemos colaborar, implicarnos, hacer nuestra esta batalla porque la realidad es que así lo es: todos somos necesarios para avanzar hacia ese “Edén” que representaba El Bosco, y que no es más que un mundo en equilibrio y circular.
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